Protegiendo cada litro de leche frente al estrés térmico y la variabilidad climática

Por: Ing. Mg. Sc. Dania Tello Dominguez

Asesor Técnico Nutrición – UN Ganadería MONTANA

 

1. Introducción

La rentabilidad de un establo lechero depende de convertir alimento en leche sin comprometer la salud ni la continuidad productiva del hato. Cuando el clima altera el consumo, el descanso o la disponibilidad de forraje, la pérdida va más allá de los litros en el tanque: afecta la reproducción, la crianza de reemplazos y los costos de alimentación. Por ello, enfrentar la variabilidad climática exige anticiparse a las pérdidas, y hoy ese motivo tiene nombre: El Niño.

Según el Informe Técnico ENFEN N.° 17 (25 de setiembre de 2026), El Niño Costero (región Niño 1+2) se mantiene en “Alerta”, con probabilidades de 52 % de magnitud extraordinaria y 43 % de fuerte para el verano diciembre 2026-marzo 2027, y en setiembre la temperatura máxima del aire en la costa centro superó en promedio en +6,0 °C su valor normal. Este calor persistente y las lluvias superiores a lo normal previstas para octubre-diciembre en la costa norte y central elevan el riesgo de estrés calórico; con menor consumo de materia seca (CMS), producción y eficiencia reproductiva; mayor demanda de agua y presión sanitaria; por lo que sostener la producción de leche exige proteger el CMS, el confort del ganado y la calidad del forraje con una estrategia integral que combine medidas nutricionales y no nutricionales, además de infraestructura, sanidad y evaluación económica ajustadas a las condiciones locales.

  1. El consumo de materia seca como eje de la productividad

El estrés térmico se presenta cuando el animal acumula más calor del que puede disipar. Esto ocurre cuando la temperatura ambiental, junto con la humedad relativa, la radiación solar y la velocidad del aire, superan los umbrales de confort térmico. Las dos primeras se integran en el índice temperatura-humedad (ITH), indicador de uso común para estimar el riesgo: un ITH< 68 corresponde a la zona de confort, mientras que valores >72 indican estrés calórico en vacas de alta producción (Liu et al., 2019; Chen et al., 2024). En estos animales, la intensa actividad metabólica y la fermentación ruminal generan una elevada carga de calor, lo que incrementa su vulnerabilidad. Por ello, la reducción del consumo de alimento es una de las respuestas más visibles del estrés térmico y se asocia con pérdidas de producción y desempeño.

Para dimensionar este impacto, el consumo debe expresarse en materia seca (MS) y no en base fresca. El peso suministrado al comedero incluye agua, por lo que ofrecer los mismos kilogramos de ración no garantiza aportar los mismos nutrientes, una diferencia que cobra relevancia cuando varía la humedad del ensilaje o se incorporan forrajes de composición variable. Medir la MS permite ajustar la mezcla y estimar con mayor precisión lo que realmente consume el lote. En términos operativos, el consumo se calcula a partir de la MS ofrecida menos la MS residual, dividida entre el número de animales alimentados, y debe interpretarse junto con la selección de ingredientes y la competencia por el acceso al comedero. Contrastar estos registros con la leche vendida permite estimar la eficiencia de producción (litros/kg MS consumida) y detectar caídas que pasarían inadvertidas si solo se observara el volumen total del tanque.

2.1. VeO como alternativa para incrementar el CMS

En MONTANA contamos con VeO como aditivo olfativo no nutricional complementario para el manejo del estrés. Se trata de un producto neurosensorial formulado a partir del aceite esencial de naranja (Citrus sinensis), que actúa a nivel de hipotálamo para generar una sensación de calma que reduce la percepción del estrés. A nivel mundial, el producto cuenta con estudios publicados en vacas lecheras (Padua et al.,2022 y Tiqui & Desrousseaux,2024). Aun así, se realizaron pruebas propias en dos etapas productivas (lactancia y transición) durante la temporada de verano (enero-marzo de 2025).

Para el caso de vacas en lactancia, se realizó la prueba en un establo de 1200 vacas lecheras (DEL promedio de 150) ubicado en Huacho, al norte de Lima. El ensayo duró 63 días, en condiciones de estrés calórico moderado: el ITH promedio mensual fue de 73.5 en enero, 75.5 en febrero y 73.7 en marzo, siempre por encima del umbral de 72 que indica estrés calórico en vacas de alta producción y valores máximos de 80.2, 83.6 y 81.5, respectivamente. Los animales permanecieron entre 14 y 19 horas al día con ITH superior a 72, de las cuales 4 a 7 horas correspondieron a ITH superior a 79, y solo entre 0 y 3 horas diarias en la zona de confort (ITH < 68). Se compararon dos grupos: un control de 117 vacas, con dieta basal, y un grupo VeO de 86 vacas, con la misma dieta basal más VeO a razón de 250 g/t MS. La suplementación tuvo un efecto significativo en las vacas en producción: el grupo VeO mantuvo un consumo de alimento ligeramente mayor durante el periodo de estrés térmico (+0.31 kg/vaca/día) y una producción de leche superior en 0.61 kg/vaca/día frente al control, con una respuesta de +0.4 kg/vaca/día en multíparas y de +0.9 kg/vaca/día en primíparas. El comportamiento confirmó estos resultados, pues se observó una mayor proporción de vacas echadas que de vacas paradas, lo que indica menos signos de estrés por calor y un mejor tiempo de descanso. La evaluación económica respaldó el resultado productivo, con un ROI de 1.35 en multíparas y de 3.17 en primíparas.

En un segundo establo de Huacho se evalúo la etapa de transición. La suplementación con VeO Premium incrementó el CMS tanto en preparto, con aumentos de 17.9 % en vaquillas y 12.2 % en vacas, como en posparto, con aumentos de 8.8 % y 12.5 %, respectivamente. Asimismo, mejoró la producción de leche en 14.8 %.

  1. Rumia, alimentación y estabilidad del ambiente ruminal

El calor puede acompañarse de cambios de comportamiento y de una menor duración de la rumia. Esta última favorece la reducción del tamaño de partícula y la producción de saliva, que contribuye a amortiguar el contenido ruminal; por ello, una rumia reducida puede comprometer la estabilidad del pH. Sin embargo, esto no significa que toda vaca expuesta a altas temperaturas desarrolle acidosis ruminal. El riesgo debe analizarse junto con la composición de la dieta, la fibra físicamente efectiva, la fermentabilidad del almidón y la regularidad del consumo.

Si se modifica la ración para aumentar su concentración energética, el nutricionista debe preservar una estructura adecuada y evitar incrementos bruscos de carbohidratos rápidamente fermentables. Una dieta más concentrada no compensa por sí sola la falta de confort ni resuelve todas las causas de bajo consumo.

3.1. Levucell SC20: Estabilidad ruminal

Como complemento, MONTANA ofrece LEVUCELL SC20, una levadura viva (Saccharomyces cerevisiae CNCM I-1077) específica para rumiantes orientada a estabilizar el ambiente ruminal. Al ser una herramienta que ya se utiliza durante todo el año en la dieta a razón de 0.5 g/vaca/día, la estrategia para el verano consiste en duplicar la dosis, de modo que el rumen cuente con mayor respaldo cuando el calor reduce el consumo y aumenta el riesgo de acidosis.

En vacas Holstein bajo estrés térmico (ITH>72), Perdomo et al. (2020) reportaron que 1 g/día, es decir, el doble de la dosis evaluada (0.5 g/d), elevó la producción de leche corregida por energía (ECM; 35.2 vs. 36.1 vs. 37.2 kg/d para 0, 0.5 y 1.0 g/d, respectivamente) y la eficiencia de conversión de MS en ECM (1.70, 1.79 y 1.83 para 0, 0.5 y 1 g/d, respectivamente), aumentó la digestibilidad de la proteína cruda (65.1 vs. 68.8 vs. 70.4%) y de la fibra detergente neutra (NDF; 47.5 vs. 49.2 vs. 55.2%). El pH ruminal promedio aumentó (5.99 vs. 6.03 vs. 6.26), y la proporción de vacas con pH <5.8 disminuyó linealmente (42.9 vs. 34.9 vs. 7.7%) con el aumento en dosis de Levucell SC20. Estos resultados muestran que, bajo condiciones de estrés térmico, la estrategia de duplicar la dosis de Levucell SC20 mejora el ambiente ruminal para que la ración se aproveche con mayor eficiencia; justo cuando el calor la pone a prueba.

  1. Enfriamiento y agua: La base del manejo

Las soluciones nutricionales y no nutricionales deben complementar el manejo ambiental, donde la sombra y el enfriamiento por aspersión y ventilación son las herramientas centrales para reducir la carga térmica. Su elección depende del diseño de las instalaciones, la disponibilidad de agua, el suministro de energía y la capacidad de mantenimiento, y su ajuste técnico debe asegurar que el agua alcance al animal y que el aire favorezca su evaporación.

Un sistema mal ubicado puede dejar sectores sin cobertura, humedecer la ración o acumular agua en pisos y camas, por lo que el drenaje forma parte del diseño, sobre todo ante el riesgo de lluvias. Por ello, la evaluación debe incluir comederos, áreas de descanso y corrales de espera, estos últimos de especial atención porque concentran animales a diario. Además de revisar los equipos, conviene observar la frecuencia respiratoria, el jadeo, la búsqueda de sombra y la permanencia de pie, y contrastarlos con los indicadores ambientales.

El agua de bebida es otro componente decisivo. La demanda aumenta durante el calor, por lo que no basta con disponer de un bebedero: es necesario verificar su limpieza, caudal de reposición, ubicación y acceso. La revisión debe hacerse en los momentos de mayor ingesta, incluyendo la salida del ordeño, para identificar restricciones que limiten el consumo.

  1. Reproducción y reemplazos: Pérdidas menos visibles

El impacto reproductivo frente al estrés térmico no se limita a una menor expresión del celo. Según Wolfenson, Roth y Meidan (2000), también puede afectar la calidad del ovocito, la fertilización y la supervivencia embrionaria, por lo que una reducción de preñeces no debe atribuirse automáticamente a fallas de detección o inseminación. La evaluación necesita integrar ambiente, condición corporal, salud y manejo reproductivo, y debe incluir a las vacas secas y en transición, que requieren protección, aunque no aporten leche al tanque en ese momento.

Tao y Dahl (2013) señalan que la exposición al calor al final de la gestación reduce la producción de leche posterior y compromete el desarrollo y la salud de los terneros. En la misma línea, el estrés térmico durante el periodo seco reduce en promedio unos 4,5 kg/día la producción de la siguiente lactancia y compromete la supervivencia y la producción de leche de sus hijas durante tres lactancias, con efectos que se extienden también a sus nietas (Casarotto et al., 2021). Por lo tanto, incorporar estos grupos al programa de enfriamiento permite atender consecuencias que se manifiestan después de la exposición.

 

  1. Lluvias, salud podal y nutrición mineral

Los pronósticos indican lluvias superiores a lo normal en la costa norte y central entre octubre y diciembre (ENFEN, 2026), lo que favorece la formación de barro y humedad persistente en corrales, caminos y áreas de descanso. En este escenario, la salud podal requiere revisar drenajes, caminos, pisos y camas, además de detectar tempranamente las cojeras. El manejo debe evitar que los animales permanezcan innecesariamente en superficies húmedas y facilitar el acceso cómodo al alimento y al agua.

En ese contexto, la nutrición mineral cobra importancia, porque los minerales traza, como el zinc y el cobre, participan en la formación de queratina del cuerno de la pezuña (Tomlinson et al., 2004). Sin embargo, una cojera exige identificar primero su causa: el suplemento no reemplaza el diagnóstico veterinario, el recorte funcional ni el tratamiento de lesiones. Su respuesta debe evaluarse mediante registros, evitando atribuirle cambios que también podrían provenir de mejoras simultáneas en instalaciones o manejo.

6.1. Minerales orgánicos para fortalecer la salud podal

En MONTANA trabajamos con minerales orgánicos de la línea AVAILA® de Zinpro®; se basa en una molécula patentada en la que un ion metálico se une a un aminoácido, lo que se conoce como complejo metal-aminoácido. Esta tecnología confiere a los minerales una elevada biodisponibilidad, permitiéndoles desempeñar de manera eficiente sus funciones fisiológicas. Por ejemplo, el zinc, el manganeso y el cobre actúan de forma complementaria en la formación, el desarrollo y el mantenimiento de la integridad del tejido córneo de la pezuña.

Esta estrategia cuenta con respaldo experimental. En un ensayo realizado con 250 vacas, desde el preparto hasta la semana 35 de lactancia, la sustitución de sulfatos por minerales complejos de zinc, manganeso, cobre y cobalto mejoró la integridad de la pezuña y el desempeño productivo durante la lactancia (Siciliano-Jones et al., 2008). En consecuencia, estos minerales pueden incorporarse como una herramienta nutricional complementaria a prácticas de manejo como el mantenimiento de pisos, el drenaje adecuado y el recorte funcional; sin reemplazarlas.

  1. Conservar forraje es proteger la inversión alimentaria

Las alteraciones en el calendario de cultivo, cosecha o transporte pueden afectar la disponibilidad de forraje. Para reducir esta exposición, el establo necesita un inventario expresado en materia seca utilizable, asociado con el consumo previsto de sus distintos grupos. Así puede estimar la duración de las reservas y programar compras o ajustes antes de enfrentar una escasez.

En el ensilaje, la conservación depende de la madurez y la humedad del material cosechado, el tamaño de picado, la compactación y el sellado. Una vez abierto el silo, la entrada de oxígeno favorece el deterioro aeróbico. Además, el calentamiento y el desarrollo de microorganismos indeseables pueden reducir el valor del alimento y aumentar las pérdidas durante el suministro.

7.1. Protección del ensilado con Magniva Steel

La gama Magniva de Lallemand incluye inoculantes destinados a distintos cultivos y desafíos de fermentación y estabilidad aeróbica. En MONTANA, actualmente trabajamos con MAGNIVA Steel, inoculante recomendado para ensilajes que presentan riesgo de fermentación o de inestabilidad aeróbica. Contiene la cepa exclusiva Lentilactobacillus buchneri NCIMB 40788, una bacteria heterofermentativa cuyo producto principal es el ácido acético y que protege el valor nutritivo del ensilaje en dos puntos críticos: durante la fermentación y después de la apertura del silo.

En un ensayo del INTA con maíz planta entera ensilado en microsilos, con el inoculante mencionado, se redujo las pérdidas de MS a los 120 días (12,3 % vs. 17,2 % en el control; P < 0,01), junto con menores pérdidas por gases y menor producción de efluentes. También disminuyeron las poblaciones de hongos y levaduras; principales responsables del deterioro. Lo que se reflejó tras la apertura del silo: la estabilidad aeróbica fue de 84 horas frente a 66 horas del control (P < 0,01) y el pH tras diez días de exposición al aire fue de 4,53 frente a 5,55 (Peiretti y Navarro, INTA EEA Salta). Mejorar la estabilidad aeróbica ayuda a conservar el alimento, de modo que el forraje que llega al comedero mantiene su valor nutritivo.

  1. Conclusión

Frente a los desafíos climáticos, es fundamental garantizar condiciones adecuadas para que el animal exprese su potencial productivo. En ese contexto, la implementación de estrategias nutricionales y no nutricionales deben mejorar el desempeño y bienestar animal, con un impacto económico positivo. Su efectividad depende de la coordinación entre ganadero, veterinario y nutricionista, respaldada por una adecuada planificación y seguimiento de resultados.

 

Bibliografía

Para acceder a las fuentes bibliográficas ponerse en contacto con el autor:  dtello@corpmontana.com

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