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Cómo preparar al hato para el verano: herramientas para mitigar el estrés calórico

Cómo preparar al hato para el verano: herramientas para mitigar el estrés calórico

MSc. MV. Alfredo Delgado Castro

Docente en Salud Animal

Facultad de Medicina Veterinaria de la UNMSM

 

El verano peruano representa uno de los mayores retos para la ganadería nacional, especialmente en regiones donde la temperatura y la humedad relativa superan los límites de bienestar animal. Aunque es un fenómeno cíclico, la intensidad del calor y la persistencia de las olas térmicas afectan cada año la eficiencia reproductiva, la producción de leche y la salud general del ganado. Por ello, la preparación anticipada y la adopción de estrategias técnicas bien fundamentadas se convierten en un requisito para sostener la productividad y la rentabilidad del sistema ganadero.

El impacto reproductivo del calor: por qué debemos anticiparnos

Durante el verano, los parámetros reproductivos pueden caer por debajo del 20%. Este descenso genera pérdidas económicas significativas debido al menor número de vacas preñadas y al alargamiento de los intervalos entre partos. La fisiología de la vaca bajo estrés calórico cambia: disminuye la actividad estral, se compromete la calidad del ovocito y se reduce la tasa de concepción.

Para enfrentar esta realidad, la preparación previa es esencial. No se trata únicamente de intervenir cuando llega la temporada de calor, sino de fortalecer al hato meses antes mediante una combinación de nutrición estratégica, manejo ambiental y monitoreo sanitario. La prevención siempre será más efectiva que las medidas correctivas.

Nutrición estratégica: del forraje al concepto de dieta fría

Una de las bases del manejo preventivo es garantizar un forraje de buena calidad. Aquellos productores que ensilan adecuadamente durante la época de abundancia llegan mejor preparados al verano. El silo se convierte en una reserva esencial cuando el pasto fresco disminuye en disponibilidad o calidad.

A ello se suma la incorporación de concentrados apetecibles y de alta calidad. Durante el calor, las vacas reducen su consumo, por lo que el alimento ofrecido debe ser más denso y palatable.

Algunos puntos dentro del manejo nutricional incluyen:

  • Aumentar la concentración energética sin elevar la fibra fermentable.
  • Optar por una “dieta fría”, reduciendo ingredientes que generen calor metabólico en el rumen.
  • Utilizar soya procesada térmicamente y otros insumos que mejoran la eficiencia de digestión intestinal.
  • Incorporar grasas sobre pasantes, que aportan energía sin incrementar la carga calórica interna.

La fibra altamente fermentable eleva el calor de fermentación, y este es el principal enemigo durante el verano. Aunque ajustar la dieta puede ser complejo en sistemas medianos y pequeños, incluso reducciones parciales generan beneficios.

Manejo ambiental: sombra, ventilación y tecnología disponible

Las medidas de manejo ambiental son esenciales para reducir la temperatura corporal del animal. Aunque muchas veces se subestiman, pueden marcar la diferencia entre un hato estable y uno comprometido.

La provisión de sombra es el primer paso. Puede ser natural, mediante árboles, o artificial con estructuras livianas. La meta es disminuir la exposición directa al sol y bajar la temperatura superficial del animal.

En establos medianos y grandes, el uso de aspersores y ventilación forzada se vuelve una herramienta altamente efectiva. Países extremadamente cálidos, como Israel, han demostrado que la tecnología de enfriamiento —ventiladores, duchas cíclicas y microaspersión— logra mantener la producción y la eficiencia reproductiva incluso en condiciones severas.

Si bien la implementación de estas tecnologías puede requerir inversión, las organizaciones ganaderas con enfoque empresarial deberían considerarlo un eje prioritario. La relación costo-beneficio se vuelve evidente al medir la cantidad de leche sostenida, la estabilidad reproductiva y la reducción de problemas sanitarios asociados al calor.

Sanidad en verano: mastitis, reproducción y bioseguridad

El calor del verano también incrementa la incidencia de enfermedades. La mastitis es uno de los problemas más frecuentes, debido a que las altas temperaturas aumentan la carga bacteriana en el ambiente. La vigilancia debe ser constante y rigurosa.

Entre los puntos críticos de prevención destacan:

  • Monitoreo de células somáticas y detección temprana de casos subclínicos.
  • Revisión de equipos de ordeño para evitar fallas que predispongan a infecciones.
  • Desinfección sistemática antes y después del ordeño.
  • Control higiénico del ambiente, cama, patios y zonas de descanso.

En el ámbito reproductivo, aunque las tasas de preñez suelen caer, se debe mantener el ritmo de inseminación. Un establo vive del número de vacas preñadas, no del porcentaje. Por ello, incrementar las inseminaciones durante el verano puede compensar la caída en los índices.

La bioseguridad también desempeña un papel importante. En temporadas de calor es aconsejable limitar el ingreso innecesario de personas, reforzar la vacunación y mantener protocolos estrictos de limpieza de equipos.

Conclusión: un verano más manejable con estrategia técnica

La ganadería peruana vive un contexto de estabilidad relativa en insumos y una mirada creciente hacia la exportación. Aprovechar este entorno empieza por fortalecer la gestión interna del establo y anticiparse a los desafíos climáticos. El estrés calórico no puede eliminarse, pero sí puede controlarse con un manejo integral que combine:

  • Mejor nutrición
  • Manejo ambiental adecuado
  • Monitoreo sanitario permanente

Prepararse hoy significa producir mañana con mayor eficiencia, menor pérdida y una mejor perspectiva de sostenibilidad para la ganadería nacional.

Vacas lecheras en un campo en una granja en verano | Foto Premium

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