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Comportamiento ingestivo y ganancia de peso de terneros pastando en banco de proteínas

Comportamiento ingestivo y ganancia de peso de terneros pastando en banco de proteínas

Ing. Zoot. Ángel, Anaya Cóndor
Asesor en producción ganadera

I. Introducción

Se estima que la ganadería es la principal fuente de ingresos de alrededor de 200 millones de familias de pequeños productores en Asia, África y América Latina, y la única fuente de subsistencia de aproximadamente 20 millones de familias. Si a esto se suman los medianos productores, las cifras bien podrían duplicarse. En estos sistemas, los principales problemas que se enfrentan son la creciente degradación de las pasturas y su consecuente pérdida de productividad, la deforestación, un cesante aumento de la dependencia de insumos externos, tecnología y material genético, alta incidencia de enfermedades y deficiencias de organización y comercialización (FAO, 2016).

Al igual que en diferentes partes de la tierra, en la región San Martín; muchos pobladores tienen como una estrategia de ingreso económico la actividad ganadera, orientada hacia la crianza del ganado de doble propósito, y aun emplean el sistema de pastoreo extensivo tradicional, en el cual la gran mayoría de ganaderos, alcanzan bajos índices de producción y productividad tanto en carne como en leche por animal (Gobierno Regional de San Martín – GRSM (2007). Sumado a esto, la baja calidad nutritiva de pastos y un sistema de pastoreo ineficiente; generan diferentes problemas que inciden en los resultados económicos de la actividad ganadera de la región, esto también afecta a los terneros lactantes, los cuales no reciben niveles adecuados de alimentación y esta deficiencia incide en su crecimiento, en el caso de las hembras retrasando su edad al primer parto y los machos alcanzan solo 281 kg/cabeza de peso vivo a edad adulta (Ministerio de Agricultura y Riego – MINAGRI, 2017).

Asimismo, en el trópico peruano los terneros son manejados en forma tradicional bajo un sistema de doble propósito, desde el segundo día de su nacimiento son apartados de su madre y colocados en un corral de terneros; solo salen a lactar en cada ordeño y a los 10 días son llevados a los potreros para que aprendan a pastorear y se desteta a los 6-9 meses, este modelo de manejo determina una baja condición corporal de los terneros por la cantidad limitada de leche ingerida, la oferta y calidad de pasto que reciben DRASAM (2016).

Con relación al comportamiento ingestivo, Galli (1996), menciona que existen tres variables para describir el comportamiento ingestivo del animal en pastoreo; el forraje consumido en un bocado, el tiempo diario de pastoreo y la tasa de consumo. Los estímulos físicos y metabólicos son los factores dominantes que controlan el consumo de forraje en animales estabulados. Sobre el manejo de ganado al pastoreo, Allison (1985), menciona en un sistema de alta intensidad de pastoreo el ganado tiene menor oportunidad de seleccionar su dieta y por lo tanto la calidad de la dieta disminuye, esto se debe a la reducción en la selectividad; por ende, las partes más maduras y fibrosas son consumidas resultando en una menor digestibilidad y menor contenido nutricional de la dieta, en un estudio realizado por Rutter (2006) para determinar las preferencias de rumiantes por gramíneas y leguminosas, encontrando que los bovinos preferían el trébol (70 %); además observó que la preferencia de esta leguminosa fue mayor en la mañana, aumentando el consumo de gramíneas en la tarde, Bignoli (1971), afirma que en los animales a pastoreo la cantidad y calidad de los forrajes afecta su comportamiento, los bovinos pastorean seleccionando las partes de la planta que tengan más hojas y como las hojas tienen un valor nutritivo superior a los tallos, se dice que los animales eligen el forraje que completen sus requerimientos alimenticios, también en bovinos se ha observado que el máximo pastoreo se realiza en horas de la mañana y al anochecer, durante el resto del día alternan descanso, rumia y pastoreo De Elia (2002).

En el país, más del 50% de bovinos se crían en unidades agropecuarias menores a 5 hectáreas, Instituto Nacional de Estadística e Informática – INEI (2012). En el 2020 la producción de carne de bovinos fue de 170,112 mil Tm. alcanzando un rendimiento promedio de 191.90 kg/cabeza (MIDAGRI, 2021). Por otra parte, si consideramos en las principales cuencas lecheras del país, los terneros machos son sacrificados o vendidos en los primeros días de vida, porque no tienen un valor económico; en cambio, si el ternero macho se transforma en un insumo para otra actividad como el engorde, se incrementaría su valor comercial y podemos producir 250 kg de carcasa a los 18 meses de edad y como resultado tendríamos una mejor oferta de carne (Vittone, 2010).

La necesidad de aprovechar las potencialidades del ganado de transformar forraje en producto de consumo humano, obliga una correcta alimentación en toda explotación eficiente, porque la alimentación significa más del 50% del total de los costos de producción por lo tanto tiene alta influencia sobre los beneficios económicos que obtengan los ganaderos.

La actividad ganadera en la selva peruana se desarrolla a base de pastizales naturales y /o cultivados, siendo la mayoría de los casos en condiciones de secano, razón por la cual la producción forrajera presenta fluctuaciones según la distribución de las precipitaciones, los cuales afectan la disponibilidad y calidad de forraje (DRASAM, 2016); por otro lado, los ganaderos tienen animales con bajo índice de producción y productividad (5 lt/vaca/día) debido a la calidad genética del ganado con que cuenta actualmente GRSM (2007), sin embargo para mejorar el sistema de producción existen tecnologías que se puede aprovechar para utilizar mejor los recursos forrajeros producidos en la selva peruana; por lo tanto, es prioritario generar estrategias que mejoren la alimentación de los animales y una de las alternativas es el uso de Stylo (Stylosanthes guianensis) como un banco de proteína para complementar la dieta con gramíneas que consumen los animales en la región San Martín; considerando que las leguminosas contribuyen a mejorar la calidad de los suelos y su uso en producción animal permitirá el desarrollo sostenible de la ganadería en el trópico peruano.

El objetivo de esta investigación fue evaluar el uso de Stylo (Stylosanthes guianensis) como banco de proteína y su impacto en la ganancia de peso de terneros alimentados con Mombasa (Panicum máximum).

II. Banco de Proteína

Camero (1995), define como banco de proteína a la siembra de especies herbáceas o de árboles y arbustos con follaje de alto contenido proteico, dispuestos en arreglos de altas densidades de plantas que pueden ser cosechados y llevados a los animales en un sistema de corte y acarreo o que pueden ser pastoreados directamente, por lo general, durante cortos períodos diarios (1.5 a 2.5 horas diarias). Por su parte SAGARPA (2010), señala como un área compacta, sembrada con leguminosas forrajeras herbáceas, rastreras o erectas, o bien de tipo arbustivo, que se emplean para corte o pastoreo directo por rumiantes (bovinos, ovinos o caprinos), como complemento al pastoreo de agostaderos.

Pezo (1998) determina, para que un sistema de este tipo reciba la denominación de banco de proteína, el follaje de la especie sembrada debe contener más del 15% de proteína cruda. Por otra parte, Gutiérrez (2012), menciona que un banco de proteína se obtiene al establecer una alta población de leguminosas arbustivas o rastreras, sembradas con el objetivo de utilizarlas como suplemento alimenticio, en los sistemas de producción animal donde el alimento fundamental está constituido por gramíneas.

Además de las consideraciones anteriores, una leguminosa para ser considerado como un banco de proteínas, debe ser capaz de adaptarse a las condiciones edáficas, bióticas prevalentes, tener palatabilidad tendiente a evitar sobre y/o subpastoreo cuando no se controla el acceso de los animales, hábito de crecimiento para competir con las malezas, no tener factores que afectan la calidad como alcaloides, taninos y no deben ser caducifolias especialmente durante el verano Cruz (2008).

Para Humpey (1991) y Cruz, J (2008), los bancos de proteína que van a ser utilizados bajo pastoreo deberán sembrarse en terrenos adyacentes a los potreros que se pretende suplementar, ya que la ocupación de los bancos es generalmente por unas pocas horas cada día. Incluso en algunos casos los bancos están dentro del potrero de gramíneas, cubriendo hasta un 20-25% de la superficie del mismo Paterson et al. (1987). En el fundo Pucayacu del IRD selva, se ha establecido un banco de proteínas de media hectárea con Stylo (Stylosanthes guianensis) adyacente a una hectárea y media de Mombasa donde se realizó el trabajo experimental.

El primer factor y el más importante del uso de los bancos de proteína está en función a la calidad de las gramíneas a suplementar y de la leguminosa que lo suplementa, considerando el estado de desarrollo de las gramíneas; la calidad de la proteína de estos disminuye y la necesidad de suplementar es mayor; pero el objetivo central de un banco de proteínas es suplementar a las gramíneas de baja calidad y no reemplazar Gonzales (2008).

El Stylo (Stylosanthes guianensis) es oriundo de América del Sur, pero actualmente se encuentra distribuido en muchos países del mundo. A partir de la década de los 80 fue introducido en China, con resultados satisfactorios, adaptándose rápidamente como cultivar predominante de la producción a gran escala en la zona meridional (He y Schultz-Kraft, 1988).

El Stylosanthes capitata, especie nativa de los llanos orientales de Colombia era solo una maleza; trabajando por muchos años en el mejoramiento de pastos, los científicos del Programa de Pastos Tropicales del Centro de Investigación de Agricultura tropical – CIAT en alianza estratégica con el Instituto Colombiano Agropecuario – I CA, en noviembre de 1983 liberan oficialmente con el nombre de Capica; sin embargo, no tolera la antracnosis; una enfermedad endémica de las leguminosas en América Tropical (CIAT, 1984).

La búsqueda de variedad de Stylo continua en los distintos centros de investigación mundial; tal es así que investigadores tailandeses liberan en la década de los 90 el cultivar denominado “Ubon Stylo” un híbrido de (Stylosanthes guianensis var. vulgaris x variedad pauciflora) (Grof et al, 2001); este nuevo cultivar se adapta a suelos ácidos y poco fértiles; además podemos usar en pastoreo y se puede conservar como heno y ensilado Phaikaew y Hare (1998). Actualmente, en China se convierte el Stylo en harina para la alimentación animal.

III. Fenología y Desarrollo

La producción ganadera que se obtiene dependerá del uso adecuado que el hombre haga de los distintos factores fundamentales como el medio ambiente, el pasto, el manejo y el animal. Además, se debe considerar la producción alimenticia que se obtiene de kilos de pasturas por hectárea, que también puede expresarse como la disponibilidad o capacidad de carga animal y la calidad del forraje que determinará la producción animal por hectárea Lotero, (1990). Fenología: Para Oyhamburu (2018), la producción de la biomasa en las especies forrajeras se expresa en kilogramos de materia seca por unidad de superficie y de tiempo (kg/MS/ha); generalmente no solo está constituida por diferentes órganos (semillas o granos como los cereales), sino, que es el resultado de un crecimiento casi continuo de hojas y tallos. Dicha producción se aprovechará mediante corte o pastoreo. Por lo que es importante conocer cómo se forma y evoluciona la producción o rendimiento después de la siembra, corte, pastoreo y el periodo de reposo; para poder explicar el autor ha dividido en cuatro fases:

– Primera fase inicial de siembra, el crecimiento está en función de las sustancias de reserva contenidas en la semilla. Después de un corte o pastoreo dependerá del área foliar remanente que asegure cierto nivel de fotosíntesis.

– Segunda fase, si se trata de una siembra, el rendimiento será nulo al iniciarse el crecimiento ya que hay que esperar la aparición de hojas y macollos. En caso de un corte o pastoreo, el peso total de la planta, incluida las raíces, generalmente disminuye por pérdidas debidas a la respiración, sobre todo si no hay restos de órganos verdes que mediante su fotosíntesis compense dichas pérdidas. Las reservas de carbohidratos en este caso son utilizadas como sustratos de respiración.

– Tercera fase, al comienzo la pastura es abierta no cubre totalmente el suelo. Como la cantidad de luz interceptada es proporcional al área foliar, cada nueva hoja formada permite captar mayor cantidad de luz. El aumento de la biomasa genera incrementos de la fotosíntesis que permite una disponibilidad mayor de energía que se ve reflejado en la velocidad de crecimiento, cada vez mayor (hay una aceleración positiva), en esta etapa el crecimiento es exponencial.

– Cuarta fase, es una fase donde el crecimiento se desacelera y al cabo de unas semanas la pastura se va cerrando, llegando al umbral de máxima captación de luz, mayor índice de área foliarIAF de la especie. En esta etapa también disminuye el contenido de proteínas que influye sobre la fotosíntesis y en consecuencia el crecimiento, hay incremento de biomasa vegetal, pero a menor ritmo. Generalmente en esta etapa se utiliza la pastura.

Desarrollo: Los factores de mayor influencia para el desarrollo y crecimiento de las plantas son la temperatura y el fotoperiodo (duración del día); si bien existen otros factores como la disponibilidad hídrica, nutrientes presentes en el suelo, la calidad de luz o la vía de fijación del carbono, también modifican la composición de la variedad de plantas y su calidad alimenticia, Ugarte (2011).

Además, dentro del medio abiótico, la temperatura, la luz y la disponibilidad de agua y nutrientes por ser altamente determinantes de los mencionados procesos; las señales del medio abiótico son detectados por la planta disparando un programa de morfogénesis. El cumplimiento del mismo dependerá de que el sistema de asimilación provea las demandas morfogenéticas generadas (Colabelli, 1998). El término de morfogénesis abarca los cambios estructurales que se producen a través del desarrollo de un organismo y puede ser definido a partir de los procesos de formación, expansión y muerte de órganos, Chapman (1993).

IV. Requerimiento de Fertilizantes

Debido al alto costo de los fertilizantes, la mayoría de los ganaderos no lo usan y limitan el rendimiento forrajero; por lo que es urgente la necesidad de adoptar sistemas de producción de forrajes que complementen a las gramíneas y generar sostenibilidad en la actividad ganadera.

Los requerimientos de fósforo disponible en el suelo para Stylosanthes guianensis varía entre 2.5 a 5.5 ppm (Ciotti, 1995). (Caruzo, 2003) comparó diferentes fuentes de abono orgánico: Humus, estiércol de vacuno y gallinaza, más roca fosfórica a la siembra de Stylosanthes guianensis en Pucallpa, no presentaron diferencias significativas entre los tratamientos; esto nos da la oportunidad de utilizar cualquiera de las fuentes dependiendo de la disponibilidad y costo de los mismos. La fertilización recomendada por diferentes autores señala que a la siembra de un banco de proteína debe aplicarse 40 unidades de Nitrógeno, 60 de Fósforo y luego de cada 3 años fertilizar con fósforo.

V. Intensidad y Frecuencia de Corte

El Stylosanthes es una planta de crecimiento y recuperación lenta después de los pastoreos, lo cual afecta en algo el rendimiento de forraje de esta leguminosa. En términos generales se han logrado producciones de 5–14 tm de MS/ha/año; mayores problemas que afrontan los Stylosanthes, en general, es la susceptibilidad al ataque de antracnosis y ciertos insectos como el barrenador del tallo Carballo (2005).

En el ecosistema de bosque tropical, Stylosanthes guianensis cv. “Pucallpa” es tolerante a la antracnosis, alcanza producciones de 3,344 kg/ha de materia seca por corte en máximos periodos de precipitación y de 3,296 kg/ha en épocas de mínima precipitación CIAT (1985). Con frecuencia de corte cada 4 meses alcanzó un rendimiento de 6845 kg/ha año y 6529 kg/ha cuando se realizaron la altura de corte 15 y 25 cm respectivamente (Skerman et al, 1991). La producción de forraje varía de 10 a 18 toneladas la hectárea (Ciotti et al, 1999a).

En un trabajo comparativo con 4 especies de leguminosas el Stylosanthes guianensis con 6 cortes a intervalos de 56 días, durante 11 meses alcanzó la producción acumulada de materia seca total fue mayor con 19,410 kg/ha (Lagunes et al, 2019). Las respuestas a las frecuencias de corte (35, 42 y 49 días) y rendimiento de materia seca fue lineal donde presentaron diferencias significativas (p<0.001) a medida que aumentó la frecuencia de corte disminuyó el rendimiento de materia seca, señala también que hay pérdida de humedad y reduce su digestibilidad en 40% Asensio (2005).

VI. Utilización de Stylosanthes con Animales

a) Composición Química y Valor Nutritivo El valor nutritivo de las pasturas depende de dos factores su composición química y su digestibilidad. Estos dos factores varían en función a la edad de la planta, fertilidad del suelo, especie de pasto, parte de la planta; frecuentemente el contenido de proteína cruda se considera como índice del valor nutritivo de forraje, Lotero (1990).

La composición química del forraje presenta variaciones durante el periodo vegetativo dentro del mismo ciclo de crecimiento White (1973). El conocimiento de la variabilidad diaria en la composición química de la planta y del comportamiento ingestivo del animal nos permite determinar el aporte de nutrientes de las pasturas, su posible manipulación Beever & Siddons (1986) y (Chilibroste, 2005).

El éxito de un programa de alimentación depende del conocimiento que se tenga de la calidad nutricional del forraje, para ello debe realizarse un muestreo de la superficie forrajera, un análisis químico del material recolectado y una interpretación objetiva de los resultados que permitan tomar la decisión correcta en la implementación de alternativas alimentarias favoreciendo una mayor productividad, Pérez (2006).

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