Por: MSc. Esp. MVZ. Ricardo Lizarzaburu Castagnino
Asesor en Clínica y Nutrición de Rumiantes – Baume
El ingreso al verano en las zonas costeras y áridas del Perú impone un conjunto de desafíos que pueden comprometer seriamente el desempeño productivo y sanitario de los rebaños caprinos. A diferencia de otros rumiantes, las cabras —especialmente aquellas pertenecientes a razas lecheras altamente especializadas como la Saanen— presentan una sensibilidad mayor al estrés térmico. De hecho, un animal sano puede comenzar a mostrar signos de estrés desde los 20 a 22 °C, particularmente cuando la humedad relativa supera el 60 %. En estas condiciones, se afecta el consumo de alimento, disminuye la actividad ruminal, se altera la función hepática y se compromete la reproducción.
A ello se suman factores propios del ciclo productivo caprino que coinciden con la estación de calor. El periodo de partos, la recría temprana y las fases de crecimiento representan puntos críticos que exigen una preparación anticipada y un manejo ajustado a las exigencias ambientales. En este contexto, la adopción de estrategias técnicas basadas en evidencia es fundamental para sostener la productividad y proteger la viabilidad de los animales.
Manejo nutricional en épocas de calor: dietas frías, más fibra y equilibrio mineral
Uno de los pilares para enfrentar el estrés térmico es el ajuste de la dieta. En sistemas caprinos intensivos o semi-intensivos, el calor provoca un descenso del consumo de alimento, reduciendo la disponibilidad de energía metabolizable. Por ello, es necesario anticiparse a la temporada calurosa y hacer progresivamente algunos cambios nutricionales.
Un primer ajuste consiste en pasar a dietas más “frías”, es decir, formulaciones que generen menos calor metabólico durante la digestión. A diferencia de lo que ocurre en bovinos lecheros, donde se suele reducir la fibra en verano para evitar mayor calor de fermentación, en cabras el enfoque es distinto. El incremento moderado de forraje favorece una rumia más activa, y el movimiento del rumen contribuye a la hidratación interna del animal al estimular la recirculación de los líquidos ruminales.
Además, es imprescindible reforzar el balance mineral, ya que la hidratación real de la cabra no depende solamente de la cantidad de agua ingerida, sino de la capacidad del organismo de retenerla y distribuirla adecuadamente. Minerales como sodio, potasio y magnesio se vuelven críticos en verano, y deben estar disponibles de manera permanente y en formulaciones diseñadas para alta temperatura.
Un recurso complementario es el uso de silimarina y otros extractos vegetales hepatoprotectores que ayudan a sostener la función hepática durante los periodos de estrés. Estos productos, añadidos al agua de bebida, facilitan la detoxificación, estabilizan el metabolismo energético y permiten que la cabra mantenga un apetito adecuado incluso en días de mayor calor.
Ambiente, higiene y control sanitario: un triángulo clave para la estación de verano
El manejo del entorno también juega un rol determinante. Las altas temperaturas aceleran la descomposición de la materia orgánica y potencian la liberación de amoníaco en los corrales. Este gas irrita las vías respiratorias y las mucosas oculares, incrementando la incidencia de conjuntivitis y predisponiendo a enfermedades respiratorias, especialmente en cabritos jóvenes.
Por ello, durante el verano se deben intensificar medidas como:
- Limpieza frecuente de corrales y pasadizos.
- Secado de camas utilizando la radiación solar disponible.
- Ventilación adecuada para evitar acumulación de humedad.
- Fumigación periódica para reducir carga microbiana.
A estas acciones se suma el control de vectores, particularmente moscas y otros insectos cuya población aumenta significativamente en época de calor. Además de causar incomodidad y estrés conductual, estos insectos pueden transmitir agentes patógenos y disminuir el bienestar general del rebaño. El control integrado —que incluye trampas, limpieza, manejo de residuos y productos autorizados— debe ejecutarse de manera preventiva.
Impacto del manejo nutricional y ambiental sobre la preñez y el desarrollo fetal
Los efectos del calor no se limitan al bienestar general. La reproducción caprina también se ve influenciada por el manejo durante los meses de altas temperaturas. Mantener un rumen estable, libre de acidosis, y asegurar dietas con forraje suficiente contribuye directamente al equilibrio del pH ruminal. Este equilibrio, a su vez, repercute en un pH uterino más favorable, condición esencial para la correcta implantación embrionaria y para el desarrollo fetal temprano.
Una cabra bien hidratada, con adecuado balance mineral y sin sobrecarga hepática, llega al parto en mejor condición corporal y enfrenta con mayor éxito el estrés fisiológico del final de la gestación. Esto no solo mejora la viabilidad fetal, sino también la calidad de la leche en los primeros días posparto y la capacidad de la madre para atender a su cría.
Además, la reducción de enfermedades respiratorias y oculares en cabritos —producto de mejores condiciones higiénicas— se traduce en tasas más altas de sobrevivencia y un crecimiento inicial más uniforme, lo que repercute en mejores indicadores productivos a mediano plazo.
Conclusión: un verano preparado es un verano productivo
La producción caprina peruana enfrenta cada verano un escenario exigente que requiere planificación, ajustes nutricionales precisos y un manejo integral del ambiente y la sanidad. Anticiparse al incremento de temperaturas, adaptar la dieta, reforzar el suministro mineral, proteger la función hepática y mantener corrales limpios y bien ventilados son acciones que permiten sostener el bienestar del rebaño y asegurar resultados productivos estables.
El verano no tiene por qué convertirse en una temporada de pérdidas o retrocesos. Con una estrategia técnica adecuada, basada en la comprensión fisiológica de la cabra y en la atención a los puntos críticos del sistema de producción, los productores pueden no solo enfrentar la estación de calor, sino aprovecharla como una oportunidad para fortalecer la salud y la eficiencia de su hato.
Conclusión
El manejo caprino durante la estación de calor requiere una visión integral que combine nutrición, ambiente y sanidad. Las cabras, particularmente las razas lecheras especializadas, presentan una alta sensibilidad al estrés térmico, lo que obliga al productor a preparar sus sistemas con anticipación. Ajustar las dietas hacia formulaciones más frías, reforzar la suplementación mineral, mantener una actividad ruminal activa y apoyar la función hepática con compuestos naturales se convierte en una estrategia fundamental para sostener el consumo, la hidratación y la estabilidad metabólica en los meses más calurosos.
Asimismo, el control del ambiente es determinante. La adecuada limpieza de corrales, el manejo de camas secas, la ventilación y la reducción de vectores no solo disminuyen la aparición de enfermedades respiratorias y oculares, sino que fortalecen el bienestar animal, condición indispensable para mantener la producción de leche, la eficiencia reproductiva y la salud de los cabritos. Un entorno limpio y ventilado marca la diferencia entre un rebaño resiliente y uno vulnerable frente al aumento de temperatura.
Finalmente, el impacto de estas medidas se refleja también en la viabilidad fetal y en el desarrollo de las futuras crías, garantizando una mejor tasa de parición y un crecimiento temprano adecuado. Prepararse correctamente para el verano no es una opción, sino una necesidad para preservar la competitividad y sostenibilidad de la producción caprina peruana. Implementar estos ajustes técnicos permite afrontar el calor con mayor seguridad y asegura que el rebaño mantenga su desempeño a lo largo de toda la campaña productiva.



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