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Serotonina en Lactantes

Serotonina en Lactantes

Autor: MSc. Esp. MVZ Ricardo Lizarzaburu Castagnino
Gerente Técnico BAUME / Asesor Clínico y Nutricional INTAP

 

Si existe un punto o tema dentro de nuestro establo que nos puede quitar el sueño, traer preocupación o frustración muchas veces, es sin dudas los problemas digestivos en terneras, cabritas o borreguitas lactantes. Y claro, se intenta realizar una serie de planes, protocolos o acciones para tratar, controlar o prevenir cuadros entéricos y es frustrante no sólo ver que finalmente la ternera o cabrita muera producto de un cuadro diarreico sino además genera una sensación de mucha impotencia al ver el proceso por el cual pasa el animal hasta que finalmente muere. Además, muchas veces por intentar revertir estas situaciones, incurrimos en prácticas que no sólo no son eficientes sino tampoco adecuadas para la propia salud de la ternera, rompiendo un equilibrio y engranaje sumamente fino.

Y es que el tracto gastrointestinal es bastante intrincado, y no sólo participa en procesos digestivos, sino que cumple una serie de acciones y roles a corto, mediano y largo plazo y que depende principalmente de su propio equilibrio para ser eficiente y permitirle a la recién nacida los niveles de salud requeridos para su correcto desempeño.

¿Te ha pasado que días antes de la presentación del cuadro entérico, con signo de diarrea, la ternera o cabrita permanece algo decaída, letárgica e inapetente? ¿has visto que, al iniciar un tratamiento, en algunas ocasiones, pareciera mejorar uno o dos días y luego la diarrea se vuelve más profusa y cambia de color, incluso hasta con presencia de sangre o mucosidad? ¿Has sentido en ella una sensación de desgano o que se abandona cuando presenta este tipo de cuadros?

La explicación clásica sería que, debido a la inflamación intestinal o del Tracto gastrointestinal, la lactante reduce su consumo de leche o alimento debido al propio dolor generado por el cuadro, independientemente del tipo de enteritis que se produce y del agente causal, ¿cierto?

También, has podido observar que las terneras y cabritas que han pasado por un proceso entérico inflamatorio no regulan el funcionamiento intestinal y también su estado de ánimo hasta varios días después de haber desaparecido los signos clínicos ¿verdad? Incluso puedes observar animales que pasaron por un fuerte proceso entérico semanas atrás, pero permanecen letárgicas o “tristes”, y que consumen alimento con lentitud o sin ganas y justamente son estas terneras las que no ganan peso o talla y empiezan a retrasarse respecto al grupo de animales ¿no?

Como comentaba, el intestino es sumamente complejo e intrincado, y no sólo participa en el proceso digestivo, absorción de nutrientes o en la regulación de la volemia, sino que como puedes haber escuchado, se conoce hoy en día como el segundo cerebro, debido a que posee un muy bien desarrollado sistema nervioso entérico, conectado con el cerebro, en donde regula una serie de procesos fisiológicos, endocrinos, metabólicos y hormonales, fundamentales para la homeostasis y el correcto desempeño productivo de los animales.

El correcto funcionamiento del intestino depende de la microbiota y microbioma existentes en el órgano, principalmente alojados en la mucosidad de las vellosidades intestinales. El intestino contiene una gran diversidad de bacterias, bacteriófagos, virus, hongos, protozoos y arqueas; estos de forma colectiva son conocidos como la microbiota y son responsables del mantenimiento de la salud y la patogénesis de diversas enfermedades. Por ejemplo, en los humanos, existen 10¹⁴ microorganismos en el intestino lo cual es 10 veces mayor al número de células en el cuerpo humano. Esto representa entre el 1 al 3% de la masa total del cuerpo. La microbiota intestinal contiene cerca de 35 mil especies de bacterias y el colon presenta la mayor densidad de la microbioma humano, ahora imagina cuál sería la cantidad de microorganismos dentro del intestino de una ternera, una borrega o una cabrita, seguramente esta cantidad es muchísimo mayor.

Todos los intestinos son estériles al momento del nacimiento, pero con el paso del tiempo, sucede la colonización del órgano por parte de los microrganismos, volviéndose único y diferente entre humanos y también entre los mismos animales.  Diversos factores como el tipo de parto, el método y forma de alimentación, el genotipo de la madre, factores geográficos, ingesta de medicamentos, niveles hormonales, infecciones y tratamientos con antibióticos, suplementación con probióticos y el tipo de dieta influencian la microbiota intestinal.

Presentación de los resultados de un proyecto sobre la influencia de la lactancia en la calidad de la carne de cabra | ULPGC - Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

¿Estamos fomentando, con nuestro trabajo diario, el crecimiento de una microbiota saludable y eficiente?

La microbiota intestinal regula el metabolismo y el sistema inmune, sintetiza vitaminas y otros nutrientes, protege al organismo de patógenos invasores construyendo la pared intestinal y produce componentes antimicrobianos para inhibir patógenos, produce una serie de neurotransmisores (ácido gamma – aminobutírico, 5 – HT – norepinefrina, dopamina, acetilcolina y melatonina) que usa el cerebro para procesos mentales y fisiológicos.

Adicionalmente, juega un rol fundamental en el mantenimiento de la homeostasis del tracto gastrointestinal. Trillones de bacterias, hongos y virus coexisten en el tracto gastrointestinal y alcanzan altas densidades. Cualquier disrupción en la composición de la microbiota y su diversidad pueden alterar diversas funciones; por ejemplo, en seres humanos se ha hallado la relación entre problemas de depresión, ansiedad o incluso psicosis.

¿Cuál podría ser, entonces, la relación entre la microbiota del tracto gastrointestinal y el correcto desempeño fisiológico de nuestros animales? Es la misma, la producción de serotonina.

El estado de bienestar en nuestros animales se puede reflejar de diversas formas; buen semblante, ánimos para interrelacionarse con otros del mismo grupo, buen apetito, ganas de jugar o desplazarse, reacción a estímulos, ausencia de cambios en heces (heces en score 3), buena conformación muscular y ósea. Y es que nos hemos acostumbrado a observar a nuestros animales bajo el enfoque de la patología, buscando signos clínicos que sean compatibles con enfermedades; nos es más fácil identificar un signo clínico que denote algún problema físico antes de poder identificar cuáles son los indicadores que nos demuestran salud en nuestras terneras, cabritas y borreguitas. En todos los indicadores antes escritos, participa directamente la serotonina.

La serotonina es necesaria para la regulación del dolor visceral y las secreciones intestinales, así como de los reflejos peristálticos. La serotonina tiene el potencial de estimular neuronas que son responsables del daño nervioso, incrementar la fuera contráctil y motilidad de los músculos del tracto gastrointestinal, promueve la compresión de músculos intercostales y uterinos, afecta a la vascularidad muscular (contracción y relajación), participa en la agregación plaquetaria y afecta a las neuronas del sistema nervioso central. Puede participar tanto de forma anti – inflamatoria como pro – inflamatoria dependiendo de la ruta que tome y contribuye a los síntomas inflamatorios del tracto gastrointestinal. (Guzel y Mirowska – Guzel, 2022).

A nivel general, regula el estado de ánimo (bajos niveles se asocian con depresión y ansiedad), controla el sueño (ayuda a regular el ciclo sueño – vigilia), regula el apetito (ayuda a controlar el hambre y la sensación de saciedad), participa en la motilidad intestinal, contribuye a la cicatrización de las heridas debido a que las plaquetas liberan serotonina para ayudar en la coagulación, influye en el metabolismo del tejido óseo, afecta la contracción de vasos sanguíneos. Es conocida como una de las hormonas de la felicidad.

Como sabemos, el intestino y su microbiota son fundamentales para la digestión, inmunidad, producción de citoquinas, componentes pro y anti – inflamatorios, así como para la producción de serotonina, de quien ya conocemos sus funciones. Es decir, que el correcto equilibrio entre la microbiota intestinal y el propio intestino, en pocas palabras el ecosistema intestinal, es clave para la salud del animal; cualquier cuadro de desequilibrio de la microbiota, conocido como disbiosis intestinal, modificará el desempeño de este ecosistema, generando así una serie de problemas en la ternera, borreguita o cabrita. Recordemos esta palabra: equilibrio.

La pregunta es: ¿Quiénes o quien produce la serotonina? La respuesta es muy interesante.

La serotonina es aislada de StreptococcusEscherichia y Enterococcus, conocidos por todos nosotros como patógenos a quienes hay que eliminar a toda costa usando antibióticos, promotores de crecimiento, etc. El correcto estado del ecosistema intestinal permite la convivencia de una serie de bacterias (principalmente) que bajo equilibrio son comensales o saprófitas y no patógenas; el problema ocurre cuando rompemos este equilibrio cuasi perfecto, permitiendo así la progresión y multiplicación exacerbada de bacterias que se vuelven potencialmente patógenas, causando daños severos primero en la microbiota intestinal, luego al mismo órgano, después a nivel sistémico y cerebral (depresión) llegando incluso a provocar la muerte del animal. La depresión y signos nerviosos en animales con procesos entéricos graves causados, por ejemplo, por Escherichia coli entérica no sólo se debe a la producción de toxinas (shiga) que penetra la barrera hemato – encefálica, sino además en la reducción de la producción de serotonina intestinal, al haberse modificado el pull de bacterias del género Escherichia (ya sabemos que no todas las bacterias del Género Escherichia son malas), causando así mayor depresión, pérdida de apetito, letargo, etc (Stasi et al., 2014).

Mientras que la microbioma intestinal afecta al cerebro, el cerebro afecta al intestino vía enlaces neurales, endocrinos, inmunológicos y humorales. Esta comunicación bidireccional es conocida como el eje intestino – cerebro y cumple diversos roles como el monitoreo e integración de las funciones intestinales, permeabilidad intestinal, señalización neuroendocrina y vínculo emocional y cognitivo con los centros cerebrales (Akram, N et al., 2023). El estrés a nivel cerebral disminuye el número de bacterias benéficas en el intestino, volviendo así al organismo más susceptible a infecciones y la consecuente inflamación. De acuerdo con diversos estudios, esto indica un efecto feedback en el comportamiento. Estrés al parto y nacimiento, estrés en los primeros días de vida y estrés fisiológico afectan a la composición y diversidad de la microbiota intestinal. El sistema nervioso central, el sistema nervioso entérico, el sistema nervioso autónomo, el eje hipotálamo – hipófisis – adrenal, el sistema inmune, las células entero – endocrinas, la microbiota intestinal y sus metabolitos son parte del eje intestino – cerebro.

Se ha demostrado que los probióticos, como Lacticaseibacillus rhamnosus, S. Faecium o Bifidobacterium son habitantes benéficos del intestino, alteran de forma positiva el ecosistema y microbiota intestinal, la cual vive en la superficie mucosa de los intestinos, particularmente el lumen, y tienen la habilidad de suprimir la inflamación causada por los microorganismos potencialmente patógenos. Asimismo, tienen el potencial de reducir las reacciones inflamatorias dentro del tracto gastrointestinal, así como aquellas reacciones ocasionadas por enfermedades autoinmunes.

Es decir, una ternera que no cuenta con una correcta microbioma y microbiota intestinal, no sólo no podrá defenderse frente a patógenos que se tornan oportunistas bajo situaciones de disbiosis, sino que además la poca producción de serotonina puede influenciar directamente al consumo de alimento y al desempeño de esta microbiota, generándose así un círculo vicioso que muchas veces intentamos cortar aplicando una serie de antibióticos nefastos para este ecosistema óptimo, usando glucocorticoides a mansalva o probando productos que van en contra, totalmente, de este equilibrio. Debemos recordar, además, que la microbiota requiere de FIBRA para poder desarrollarse y ser eficiente.

¿Qué podemos hacer para mejorar la salud intestinal y el estado de ánimo de nuestros animales? Aquí algunos consejos que espero te sirvan:

  1. El antibiótico preventivo no existe. No uses ningún tipo de antibiótico de esta forma o al momento del nacimiento de tus animales.
  2. No uses leche con mastitis o con antibióticos; esta modifica de forma nefasta el desarrollo de la microbiota y ecosistema intestinal.
  3. Fibra con ganas: nuestras dietas para terneras no cuentan con mucha fibra, están basadas en maíz, soya y afrecho. ¿Vale la pena no incluir fibra de calidad para fomentar el desarrollo de la microbiota, sabiendo que esta utiliza la fibra que consume la ternera?
  4. Usa probióticos: son tus principales aliados. Busca adicionarlos o fomentar su multiplicación. El usar fibra de calidad permitirá que estos se multipliquen de forma benéfica en el intestino sin usar aditivos.
  5. Calostro: ofrece calostro de calidad, dando mínimo el 10% de este el primer día de vida. Si la ternera o cabra, luego de la ingesta de calostro según la teoría del consumo del 10% sobre su peso vivo, se quedó con hambre, dale más calostro. Es lo que haría su madre.
  6. Ambiente: desinfecta los ambientes donde están tus animales, provee de buena cama, cómoda y confortable e intenta que socialicen entre ellos. No sirve de mucho que estén todos encerrados en cunas sin contacto con nadie.
  7. Reparto de leche: la gran mayoría da 2 tomas al día. ¿Qué pasaría si das 3 tomas al día? Lo que va a suceder es que vas a reducir la ansiedad en la ternera, mejorando su estado anímico, fomentando así el consumo de alimento.
  8. Destete: en seres humanos no destetamos de golpe, el destete va siendo progresivo antes de cortar definitivamente la leche, ¿cierto? ¿Por qué nosotros no lo hacemos con nuestros animales? ¿Practicidad? Muchas veces la “practicidad” nos lleva a tener 15 a 20% de tasa de mortalidad en animales lactantes, porque no acompañamos fisiológicamente al animal hacia el momento del destete, evento que es bastante complejo porque origina un cambio, nuevamente, en el ecosistema ruminal e intestinal. Incluye una buena cantidad fibra de calidad 2 semanas antes del momento del destete y reduce paulatinamente el consumo de leche, para fomentar la ingesta de alimento sólido. Así no sólo reduces cuadros de disbiosis post – destete, sino la incidencia de patologías como enteritis por Clostridium comunes en la etapa de recría.
  9. Nutrición orientada a la salud: ¿de qué sirve incluir 30 a 35% de maíz en una dieta de terneras para fomentar el desarrollo de las vellosidades ruminales las que más adelante captarán de forma más efectiva los ácidos grasos volátiles, e incurrir en costos tan elevados por uso de una lista larga de aditivos que “previenen” cuadros diarreicos, si hay un 15% de mortalidad? ¿Justifica? El principal nutriente para las lactantes, así como para todos los animales son la proteína y los aminoácidos. La formulación de raciones debe de estar orientada a la salud y a potenciar el desempeño de las lactantes a lo largo del tiempo. El apostar por la salud animal reduce significativamente los costos generales, y aligera la carga logística por proveedores.
  10. Diagnóstico: los médicos deben de generar diagnósticos acertados que permitan no sólo prevenir cuadros sino además identificar factores potenciales de riesgo, y esto requiere de supervisión constante y del flujo de información concreta. Un diagnóstico no es cólico, muerte súbita o diarrea.

La ciencia es un arma potente porque nos permite entender muchas cosas y continuar aprendiendo, día a día, pues uno nunca deja de aprender. Quien más nos enseña son nuestros propios animales, y yo he aprendido y sigo aprendiendo muchísimo de ellos. Espero que esta información te sea de ayuda.

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